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sábado, 8 de junio de 2013

La cultura de la negación del otro y la desigualdad social

La cultura de la negación del otro es un problema de larga data. La relación histórica con el otro-distinto-de-sí-mismo ha sido de constante negación: nació con la Conquista, mutó durante la Colonia, y se prolongó de diversas formas con la República y con las distintas fases históricas que vivieron las sociedades latinoamericanas.

Esta negación tiene varias facetas: por un lado, las élites diferencian al otro de sí mismas y lo desvalorizan proyectándolo como inferior (mujer, indio, negro mestizo, marginal urbano, campesino, etc.); también, el otro puede ser un extranjero, percibido como amenaza desde “afuera” a la propia identidad (aunque, paradójica mente  a la vez que las élites niegan a ese otro exterior, también se han identificado con él de manera acrítica y emuladora, en especial cuando este es europeo o norteamericano). Desde el punto de vista del “negado”, este vínculo también se vive con más de una faceta: a veces este introyecta dicha negación y cercena su propia identidad; otras, la vive como una asimilación deseada, pero nunca plenamente realizada. Pero también se construye una identidad en los conflictos, en la resistencia y la asimilación crítica. Gran parte de los movimientos de afirmación cultural comparten esta última tendencia.

Esta negación de la diferencia ha sido el principal límite cultural a la paz, la democracia y la plena vigencia de los derechos humanos en América Latina. Ha obstaculizado un proyecto integrador de la modernidad, en tanto se introyecta en su versión más restringida: como descalificación de las culturas no secularizadas, no católicas, no modernizadas y no blancas. La comunidad construida a partir del proyecto ilustrado primero, y modernizador después, está poblada de discriminaciones internas que impiden la difusión universal en el ejercicio de la ciudadanía (y con ello, la plena vigencia de los derechos humanos). En gran medida esta mecánica excluyente de la modernización se explica por su precedente: la negación del otro fue construida de modo sistemático en la Conquista, la evangelización y la Colonia, y no se resolvió por completo con las revoluciones republicanas.

La contracara de la negación del otro es un amplio y variado tejido multicultural latinoamericano, producto de un largo proceso histórico de resistencia y creación. Las diversas identidades y sus organizaciones de distintas fuentes –pueblos originarios, afrolatinoamericanos, eurolatinoamericanos, y de diferentes partes del mundo– han constituido una fuerza cultural que, en interacción con ellas mismas, conformaron un tejido multicolor y diverso, principal patrimonio de nuestras sociedades. Se trata de una compenetración intercultural, una suerte de “asimilación creativa” de la modernidad precisamente desde este patrimonio cultural genuino. Hoy este tejido enfrenta nuevos conflictos y desafíos. Nuestra hipótesis es que la principal barrera para superar, bajo la democracia, la dialéctica de la negación del otro consiste en superar los patrones actuales e históricos de desigualdad.

La desigualdad y la exclusión social encuentran un precedente cultural en la negación del otro, pero además la incorporan en los efectos excluyentes de las políticas económicas ejecutadas durante décadas. Desde el punto de vista conceptual, la desigualdad y la exclusión se complementan y refuerzan con una desigualdad compleja que en códigos de la política constructivista se traduce en la construcción de un nuevo campo de conflictos originado por la búsqueda de un orden más plural y justo.

En esta perspectiva, la igualdad es fruto de una evaluación de las relaciones sociales preexistentes en una sociedad. La igualdad y la noción misma de justicia son el resultado de una construcción colectiva de la comunidad política, siendo precisamente la propia sociedad deliberante, en sus múltiples diversidades, la que interpreta y da sentido a esta igualdad. En otras palabras, sólo en deliberación cobra sentido una visión y una práctica de la igualdad. Si bien se reconoce que en muchos planos y aspectos existe desigualdad social fruto de las características de la lógica misma del poder, en el plano de la política existiría una comunidad de ciudadanos que por lógica tienden a la igualdad. Dicho de otro modo, se busca que los actores deliberantes sean conscientes de sí mismos como sujetos capaces para tomar decisiones con otros sobre el tipo de orientaciones que pueda tener la sociedad (Miller y Walzer, 1995; Walzer, 1998).

Se trata de la construcción de una acción colectiva argumentativa que permita optimizar el logro de intereses particulares en la medida en que se amplían al conjunto social. Es un proceso cuyos resultados serán más efectivos cuanto mayor sean las oportunidades de una vasta gama de actores. El bien común, en tanto se construye con otros en espacios públicos deliberativos, es algo que beneficia a todos. En consecuencia, es un procedimiento que da sentido a la práctica política porque es legítimo y eficiente para tomar decisiones (Sen, 1999).

La política constructivista entre distintos actores puede ser entendida como una práctica que permite intercambiar aspiraciones e intereses a partir de valores democráticos compartidos en el marco de una institucionalidad que despierte confianza y compromiso por parte de los actores. Este proceso supone que los diálogos e intercambios simbólicos se den en la búsqueda de un bien común que se sustente en la igualdad entre los deliberantes. Es decir, la agenda y el procesamiento de conflictos están orientados por una deliberación pública entre los participantes. Los problemas, desde esta óptica, se resuelven de manera colectiva a través de la argumentación y contraargumentación entre los involucrados, y por la capacidad de transformar tales ejercicios de discusión en agendas y resultados prácticos evaluables en conjunto. Esto cobra especial sentido en la región en las experiencias locales de deliberación y consenso más que en experiencias nacionales o globales.

La desigualdad priva de los derechos sociales básicos, tales como el derecho al trabajo, a una remuneración justa, y a la satisfacción de necesidades básicas de nutrición, vivienda y salud. No es de extrañar, pues, la emergencia de conflictos violentos al calor de un desarrollo tan inequitativo. Por el lado de los sectores más desfavorecidos, el escepticismo generado por las promesas incumplidas provoca tendencias a la frustración, a la anomia y a la violencia.

Como argumenta Galtung, cuando no se puede reconocer a un agresor lo que hay es violencia estructural, como la pobreza que produce sufrimiento y muerte prematura y es fruto de un modo de organizar la sociedad y de distribuir recursos y oportunidades o el recorte de libertades políticas, que no es una fatalidad sino una injusticia. […] La violencia cultural es una forma de daño que se expresa en creencias, valores, modos de pensar y de dirigir las acciones, que suelen convertirse en “sentidos comunes” e invitan a la violencia directa y/o intentan legitimar la violencia estructural. Es el caso del racismo, del machismo, del etnocentrismo, del odio religioso etc., que pueden ocasionar la destrucción del tejido social (Galtung, citado en UNIR, 2010).

Por el lado de los beneficiarios del progreso, esta violencia se asocia con la defensa de los beneficios de clase o de elite. Los golpes de Estado que de manera sistemática interrumpieron períodos de alta movilización social y pugna distributiva siempre han sido alentados, cuando no promovidos, por los grupos económicos de mayores ingresos. En este sentido, América Latina ostenta una triste historia en la que se entrelazan el terror de Estado y la preservación de sociedades estamentales. La violación de los derechos humanos no es pues sólo cosa de ideologías de la muerte o prevalencia de medios sobre fines, sino también la defensa a cualquier costo de los privilegios de minorías opulentas sobre mayorías populares. La facilidad con que estas minorías han apoyado regímenes de facto para preservar el statu quo también se liga con la larga tradición de exclusión cultural y negación del otro. Sin embargo, el resultado más penoso no sólo es el miedo cotidiano (del distinto o incluso a “sí mismo”) como rasgo estructural, sino la creación de una base social importante que reclama más violencia para mantener umbrales mínimos de seguridad ciudadana.

El autoritarismo y el miedo en América Latina no sólo se dan entre las élites  sino que también están arraigados en la cultura de la sociedad. El autoritarismo es el producto de décadas de negación.

viernes, 31 de mayo de 2013

¿DE DÓNDE SE DERIVA EL PODER? / Gene Sharp

Conseguir la libertad con paz, por supuesto que no es tarea fácil. Va a requerirse para ello una gran destreza estratégica, organización y planificación. Sobre todo, requiere poder. Los demócratas no pueden esperar derribar la dictadura y establecer la libertad política sin la capacidad de ejercer su propio poder en forma eficaz.

¿Pero cómo es posible esto? ¿Qué clase de poder podrá la oposición democrática movilizar para destruir la dictadura y su vasta red militar y policíaca  La respuesta se encuentra en una comprensión del poder político generalmente ignorada. Llegar a este conocimiento intrínseco no es tarea demasiado difícil. Algunas verdades fundamentales son muy sencillas.

La fábula del "Amo de los Monos"

Una parábola china del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, por ejemplo, destaca muy bien esta interpretación descuidada acerca del poder político:7

En el estado feudal de Chu, un viejo vivía de tener monos a su servicio. Las gentes lo llamaban "ju gong": el Amo de los Monos.

Todas las mañanas el viejo reunía a todos los monos en su patio y ordenaba al más viejo que condujera a los demás a la montaña a recoger fruta de los árboles y matas. La regla era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte de lo que recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente azotados. Todos los monos sufrían amargamente, pero no se atrevían a protestar.

Un día, un monito les preguntó a los otros; "¿Fue el viejo quien sembró los árboles y las matas?" Los otros le respondieron: "No; brotaron solos." El monito les dirigió otra pregunta: "¿No podemos nosotros coger la fruta sin permiso del viejo?" Los otros replicaron: "Sí, todos podemos hacerlo." El monito siguió: "¿Entonces por qué tenemos que depender del viejo? ¿Por qué tenemos que servirlo?"

Antes que el monito hubiera terminado su discurso todos los monos de pronto se sintieron iluminados, y despertaron.

Esa misma noche, al observar que el viejo se había quedado dormido, los monos rompieron las barreras del vallado donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto por completo. También se apropiaron de cuanta fruta el viejo tenía guardada y se la llevaron al bosque, y nunca más volvieron. Al fin el viejo murió de inanición.

Yu-Li-Zi dice: "Algunos hombres en el mundo gobiernan a su pueblo mediante tretas y no por principios rectos. ¿No son éstos iguales al amo de los monos? La gente no se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de funcionar."

Un Sistema Conceptual para la Liberación


Esta historieta, originalmente titulada "Rule by Tricks" ("Gobernar por Tretas"), es del Yu-Li-Zi, de Liu Ji (1311-1375). La traducción original se publicó en Nonviolent Sanctions: News from the Albert Einstein Institution (Sanciones Noviolentas: Noticias de la Institución Albert Einstein), (Cambridge, Mass.) Vol. IV, No. 3 (Invierno 1992-1993) p. 3.


miércoles, 1 de mayo de 2013

PARLAMENTO / Fernando Savater


En más de una ocasión se ha dicho que un parlamento democrático es algo semejante a la representación teatral – y por tanto incruenta – de una guerra civil. Lo propio del parlamento es el debate, la polémica, la crítica sin contemplaciones, el sarcasmo, incluso en ocasiones los malos modos, porque allí se enfrentan intereses sociales contrapuestos y visiones diferentes de lo que puede ser mejor para la comunidad. La unanimidad en ese foro es sospechosa de falta de libertad, salvo cuando se refiere a cuestiones esenciales del mantenimiento del sistema democrático mismo (respecto a los cuales, en efecto, el margen de libertad es bastante reducido). Claro que también debería ser el espacio público en que se demostrase con toda nobleza la disposición esencialmente democrática de la persona educada para convivir, es decir, la de resultar tan capaz de ser persuadido como de persuadir. ¡Qué magnífico sería escuchar a un parlamentario, dirigiéndose a su adversario: “Me ha convencido usted. Cambio el sentido de mi voto”! Pero supongo que la civilización (y la disciplina de partido, ese espejo de maniqueísmo detestable) aún no ha llegado a tanto… 

A veces se oyen en los medios de comunicación y en boca de los políticos recomendaciones de “diálogo” (por lo general para ser mantenido con organizaciones terroristas que entienden el diálogo como respuesta cortés a las amenazas) y se asegura que con diálogo se pueden resolver todos los problemas. Evidentemente, elogiar el diálogo en un régimen parlamentario es como cantar alabanzas de la natación a los peces. También es obvio que el diálogo no puede resolver todas las dificultades políticas porque precisamente hay problemas causados por quienes no quieren dialogar sino intimidar e imponer. Por lo común, se confunde “dialogar” con “negociar”. El diálogo es igualitario y amistoso, basado en el intercambio de ideas y en la persuasión; en cambio, la negociación se mantiene con adversarios, competidores o enemigos y se basa en el “¿qué me das tú para que yo te dé?” y en el “si tú no me haces daño, yo no te lo haré a ti”. Poco que ver lo uno con lo otro, desde luego. Es evidente que el Estado de Derecho no puede “dialogar” con terroristas, porque no están en su mismo plano político ni moral; ni siquiera puede “negociar” con ellos, salvo que asuman su renuncia definitiva a la violencia y abandonen el chantaje que practican contra la ciudadanía (véase TERRORISMO). Negarse a tales remedos de parlamentarismo supone precisamente mantenerse fiel a lo que significa la libertad parlamentaria de expresión. 

Por supuesto, es evidente que en sede parlamentaria no debe haber representantes de ningún partido que apoye la lucha armada o no la repudie claramente, es decir, gente que a la vez goce de los beneficios de la representación incruenta de la guerra civil de baja intensidad contra sus adversarios ideológicos. Tal es el sentido en España de la Ley de Partidos, que algunos se obstinan en no entender como democrática. Dicen éstos que las ideas no delinquen y que todas deberían estar representadas en las Cortes. Falso. Ciertas ideas (la inferioridad de unas razas o sexos frente al resto, por ejemplo, la licitud de la falsedad en documentos públicos o la “comprensión” de la lucha armada para defender proyectos políticos que sin tal coacción obtendrían poco respaldo público) no son ni legales ni aceptables en el debate institucional democrático. Quien no comprende esto no entiende de la misa la media (o sólo media misa, la que a él le beneficia) del juego parlamentario… y ello aunque sea catedrático de Derecho Constitucional. Los ciudadanos con entendimiento propio harán bien en no dejarse influenciar por tales cantos desafinados de sirena al respaldar sus opciones políticas.

jueves, 18 de abril de 2013

Por qué ganamos de vaina, o por qué de vaina perdimos / Juan Gómez Muñoz

Lunes, 15/04/2013 06:42 PM 

Ganamos sí, pero creo que ha sido la primera victoria con un desagradable y auténtico sabor a derrota. Creo que muchos esperábamos que algunos votos se perdieran en virtud del impacto de un liderazgo fuerte encarnado por el Comandante Chávez al que estábamos acostumbrados y un novedoso carisma que apenas se abre paso en la escena nacional como el de Nicolás Maduro. 

Sin embargo, creo que realmente no esperábamos que la candidatura de la derecha podría aumentar su patrimonio electoral en cerca de un millón de votos (poco más de 800 mil, en realidad), cifra sorprendente si se toma en cuenta la calidad del personaje y las características de la campaña que se hizo en estas últimas tres semanas. 

Sin embargo, ¿qué nos pasó? Hace un par de meses, y a raíz de los resultados de las elecciones del 7 de Octubre compartí algunas reflexiones sobre aquel resultado http://www.aporrea.org/ideología/a151772.html, sus causas y sus consecuencias; básicamente la esencia de aquella coyuntura sigue vigente y es hora de encender las alarmas y sobretodo de actuar al respecto porque: 

1.- No podemos seguir construyendo la Revolución ni mucho menos el Socialismo con un montón de burócratas que se están llenando la jeta profesando la edificación de una nueva Venezuela, mientras están haciendo negocios a costillas de las actividades del estado y de todos nosotros; esto ha generado que el desempeño de esas instituciones se vea afectado, ya que el interés no es “servir al pueblo”, sino “servir a mi bolsillo”; en esta campaña escuché montón de veces cuando nuestro candidato habla de crear un frente anticorrupción, de la Misión “Eficiencia o Nada” y uno recordaba cada vez que va a instituciones como el Banco Industrial de Venezuela, a alguna dependencia del Ministerio del Poder Popular para la Salud, a cancelar en alguna sucursal en Caracas de los Abastos Bicentenario y tienes que lidiar con una pésima atención, mal trato o negligencia del funcionariado que allí labora o que estén laborando solo dos de las 14 cajas que como promedio tienen cada sucursal respectivamente, entonces uno se pregunta: eficiencia en qué? 

2.- En este mismo orden de ideas, creo que no me equivoco si la base del chavismo está esperando ansioso que dentro de nuestras filas se castigue a quienes están destruyendo el proceso desde dentro, aquí los únicos “chavistas” castigados son los que brincan la talanquera, si no fuese así, Henry Falcón y el “Gato” Briceño serían hoy unos inmaculados gobernadores, ejemplo de socialistas y revolucionarios y el General Baduel un aguerrido baluarte de la defensa del proceso y probablemente encamburado en algún alto cargo, ah!!! , pero cometieron el error de ponerse a hablar pendejadas y saltar definitivamente la talanquera y resulta que ahora sí son malos. 

Ya basta también de andar reciclando funcionarios, de sacarlos porque “esta femito” (enfermito) y después de algún tiempo vuelven bien gordos y “rosao´s” a ocupar otro alto cargo (o el mismo que tenían) para demostrar nuevamente cuan inepto, indolente y hasta ladrón se puede ser, compañeros, si el funcionario (a) lo hizo mal o transgredió la ley en su actuación, pues que asuma sus responsabilidades, pero dejemos esa mariquera de que: “el compañero “X” está enfermito de tanto trabajar y tuvimos que sustituirlo, gracias por sus revolucionarios servicios”. ¿Es que en este país no hay más profesionales comprometidos con esta vaina que puedan hacerse cargo de la dirección de algunas instancias del estado? ¿Es que todos los capaces son los que tienen 14 años rotándose los cargos?, pues fueron tan capaces que ayer perdimos casi un millón de votos y GANAMOS DE VAINA. 

Otro problema que padecemos es el solapamiento de funciones en el partido de gobierno, ¿cómo van a ejercer los miembros del PSUV contraloría sobre la gestión de gobierno si sus vicepresidentes y cuadros altos a nivel regional son los mismos ministros y gobernadores? Quien se va a echar paja a sí mismo? Esto es simplemente una burla. 

3.- Y al respecto del PSUV, requerimos con urgencia, pero ya! un partido que realmente cumpla las funciones de guía de una Revolución Popular, esta agrupación política es una maquinaria electorera que ha sabido copiar muy eficientemente el nauseabundo comportamiento de sus pares adecos y copeyanos, pero que no ha hecho absolutamente nada para formar conciencia en el pueblo, en sus masas de trabajadores, de campesinos, claro cómo puede hacerse esto si buena parte de su directiva anda ahora montada en una “ola farandulérica” captando actores, actrices y cantantes, pero dejando de lado a las masas obreras y campesinas que son los que DECIDEN LAS ELECCIONES. 

La formación de cuadros es otra tarea urgente, ya vimos cómo nos afectó en estas elecciones, se habrán preguntado en el seno del PSUV, si el discurso ese de los “enchufados” del candidato de la derecha tuvo algún asidero dentro de las filas de la organización?, dentro del seno del chavismo? Mucha gente me decía “vas a votar por lo mismo”, “vas a votar por los apagones”, “por las colas para comprar papel tualé” y yo pensaba: no! no voy a votar por eso, todo lo contrario, voy a votar por la preservación de la Revolución Bolivariana, porque con Nicolás puede existir el riesgo de que fracasemos, pero con la otra opción estoy seguro de que esto se va acabar, y preservar la revolución implica la posibilidad no solo de que esta continúe, sino de que se acaben las colas, los apagones, se acabe “lo mismo”, pero para eso creo que se requiere tener un poco de “claridad ideológica” en mi caso puedo apreciar que poseo algo de eso, no gracias al PSUV, sino a la discusión con personas cercanas (incluyendo opositores con los que se puede discutir), la lectura y la búsqueda de información, pero en absoluto por el “partido de la revolución”. Recuerdo la anécdota de un familiar, quien con la esperanza de adquirir una vivienda, fue disciplinadamente a censarse en la Gran Misión Vivienda Venezuela, llevó a sus dos pequeños hijos porque así se lo pidieron, hizo cola todo casi el día, alimentando mal a los carajitos y cuando finalmente la atendieron lo que le dijeron fue más o menos lo siguiente: “usted debe tener el carnet del partido para inscribirse”, ¡coño! Todo el día en una mugrosa cola, aguantando junto a sus hijos hambre y sed, para que venga un mugroso e inepto funcionario a decirle que necesito de un mugroso carnet, de un mugroso partido, para ser incluida en un plan que el presidente había dicho que era para todos!!!?? Ya podrán ustedes imaginar por quién votó este compatriota…… 

4.- Otro tema que está en el tapete es el de la “reconciliación” y ciertamente, es hora de reconciliarnos, primero porque YA NO SOMOS MAYORÍA, pero a lo que me quiero referir es a la reconciliación con buena parte de los más de 7 millones de venezolanos que votaron por Capriles, esos compatriotas, ni son oligarcas (no la inmensa mayoría de ellos), ni son apátridas; no solo hemos sido incapaces de promover y entusiasmarlos a ellos con nuestro proyecto, es que hemos espantado de nuestra propias filas a varios que antes nos acompañaban! Pero, ojo! La reconciliación es con la inmensa mayoría de ellos, no con los que pretenden ser sus interlocutores, porque desafortunadamente, nuestra dirigencia a la hora de “convenir” lo hace con quienes se disfrazan de dirigentes de esta masa de venezolanos, quienes no les importa en lo más mínimo sus propios simpatizantes. Ya basta de descalificar a gente que también son nuestros primos, esposa, hermanos, amigos. 

5.- A pesar de la incertidumbre que pesa sobre el futuro de la revolución en ausencia del Comandante, Nicolás tiene una oportunidad excepcional hacer algo que el Líder Supremo no pudo o no quiso hacer: construir un liderazgo colectivo, admitir a otros sectores incluyendo opositores pero que estén realmente comprometidos y sean leales al país, utilizar eficientemente las instancias de consulta y gobierno, como el Consejo Federal de Gobierno, el Consejo de Estado, los Gobernadores, etc, la Revolución debe ser construida por todos y con la opinión de todos. 

6.- Resulta también urgente, el control del aparato económico, no obstante, para ello requerimos de algo que mencionaba implícitamente en los puntos 1 y 3: probidad, eficiencia, compromiso, experticia y honestidad, de nada nos sirve controlar la mitad del sistema bancario nacional (que no lo hacemos), abrir fábricas de procesamiento de alimentos y otros, para que compitan con monopolios como el de la Polar, controlar las cadenas de distribución de bienes y servicios y sus fuentes, si colocamos en la dirección de éstas a individuos cuya mayor preocupación es comprarse la camionetota, un tremendo “penjaus” en la lagunita, la camisita o el pantalón “faconable” o “columbia” (pero la original, o sea…), pa la pinta, abrir la cuenta en dólares en Miami, Suiza o Panamá (con los dineros mal habidos que logró amansar) y traerse a la carajita que está bien buena para ponerla de secretaria o gerente y echarle su cogidita cuando ande libidinoso, y aparte de eso amedrente a los empleados que medianamente motorizan la institución con su trabajo, obligándolos a ir a marchas porque “Chávez te lo juro, mi voto es pa Maduro”, o si no te boto. Son tan torpes, ignorantes e incapaces que no pueden ni siquiera hilvanar una razón que justifique y valide el por qué hay que manifestar el apoyo a la causa revolucionaria, habiendo tantas. Así jamás vamos a lograr nada y eso es precisamente lo que se repite en toda la administración pública y demás esferas del Estado. 

Para que la economía camine deben existir los controles, pero que funcionen, pero mientras exista un sistema de asignación de divisas que no funciona y burócratas que están haciendo grandes negocios con el dólar negro; mientras existan presidentes de bancos, empresas, o fábricas, que se ocupan de colocar el dinero de las nóminas, y el patrimonio de la institución en colocaciones bursátiles especulativas –y riesgosas-, mientras tengamos ministros, viceministros, directores generales, miembros de juntas directivas, cuya mayor preocupación es gestionar un crédito para montar un negocio propio, compararse la camionetota, reservar el hotel para el fin de semana en “niuyor”; pues entonces jamás impediremos que el dólar negro tenga un baja o nula incidencia en nuestra economía, que los bancos cumplan con las gavetas crediticias obligatorias, o nuestras empresas produzcan, distribuyan y vendan sus productos en el mercado interno. 

Estas son –de acuerdo a mi humilde criterio- algunas de las razones bajo las cuales obtuvimos esta victoria tan “rara”, el candidato de la derecha desconoció los resultados y eso era previsible, pero lo que no esperábamos era que estos resultados tan cerrados nos dejan frente a un virtual escenario de ingobernabilidad, vienen días duros, y quiero mantener la fe de que nuestro presidente electo va a honrar las palabras pronunciadas luego de haber conocido su triunfo, sobretodo en relación a que “debe existir un proceso de renovación de la revolución bolivariana” esto es necesario, sino definitivamente esto no se va a mantener y no hasta las próximas elecciones dentro de 6 años, sino hasta lograr sacar a Maduro, probablemente en el próximo año y pareciera que la vanguardia de la Revolución no entiende o no quiere entender que a la gente no se le puede convencer de los logros de 14 años, si con sus acciones destruye esta vaina en solo 1 (o menos de seis meses, desde el 7 de octubre….). 

Espero que jamás tenga que volver a escribir cosas sobre las que tengo la impresión de haber escrito una vez…..ya basta de que una minoría de infiltrados pongan en riesgo un proyecto tan bonito, necesario e insoslayable como la Revolución Bolivariana.

juangomez44@hotmail.com

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